lunes, 15 de octubre de 2012

Día 17. El tubo mexicano


Los días que pasamos en Puerto Escondido se pueden resumir en dos palabras: surf y relax. El lugar, de hecho, no ofrece gran cosa, pero en este momento, nosotros tampoco necesitamos nada más.

Nos alojamos en la playa Zicatela, con una ola increíble, aquí dicen que es de las más peligrosas del mundo, tanto por el tamaño como por la velocidad. Durante nuestra estancia, vemos tubos de unos dos metros y, según los locales, está bastante pequeño. No quiero ni pensar en cuando está grande entonces…, por lo que se ve, las olas llegan a los doce metros. Aunque no se aprecia del todo bien la dimensión del tema, aquí van algunas fotos:




Mi nivel de surf es modesto, por no decir pésimo, por eso antes de entrar al agua, hablo con los locales. Me recomiendan que vaya hacia la punta de Zicatela, ya que ni loco voy a entrar en el tubo mexicano.  Así que para allí nos vamos. Las olas son más normales, lo veo bien y rento una tabla. Al entrar en el agua, primera sorpresa: está caliente, como a unos  25º C, y cuando llevas una hora ahí adentro, incluso agobia.  Segunda sorpresa: aquí, los niños de doce años, incluso menos, tienen un nivel de surf que yo no conseguiré en la vida; así que nada, me abro un hueco entre ellos y hago lo que puedo.




También vamos a Calizarrillo, otra playa que nos recomiendan los locales para surfear. Cuando llegamos y vemos que prácticamente no hay olas, no  nos queda otra que espachurrarnos en una tumbona todo el día, beber coco, cerveza y comer rico rico…, que tampoco está nada mal. Como ya he dicho, Puerto Escondido sólo ofrece surf y relax, pues ahora toca relax.






Entre lo uno y lo otro pasamos aquí cinco días. Rentamos una cabaña de dos pisos para nosotros solos, con hamaca y ducha en el patio, cocina, wifi… Incluso hay piscina y los desayunos son espectaculares. Aprovechamos también para empezar a mirar cosas de México D. F. y Costa Rica. Quedan pocos días para irnos y aún tenemos que comprar la salida hacia Panamá para que nos dejen entrar en CR. 








Lo que no sabemos es que el último día, después de atardeceres preciosos y paseos por la playa a primera hora de la mañana, vamos a caer enfermos. Tenemos que dejar la cabaña a medio día, el autobús hacia Oaxaca no sale hasta las nueve de la noche, y nada más levantarnos Débora ya está a treinta y ocho y medio de fiebre. Con tanto cambio de temperatura nos hemos constipado. La espera hasta las nueve de la noche se nos hace eteeeerna, con lo pronto que anochece aquí, parece que hoy no hay manera de que oscurezca. Y por un momento pensamos en no agarrarlo. Pero lo hacemos y, por suerte, las siguientes diez horas nos dedicamos a dormir como dos bebés, ni siquiera el traqueteo del autobús ni los dos controles militares, que vemos medio reojo, consiguen desvelarnos. 


[De esto hace ya cinco días. Ahora estamos en D. F., seguimos constipados, pero ya sin rastro de fiebre. :)]