lunes, 3 de diciembre de 2012

Día 63. Ciudad de Panamá


A Ciudad de Panamá vamos en dos ocasiones: una primera vez para hacer todas las gestiones para ir unos días a San Blas y una segunda para conocer la ciudad y a la familia. 



Comentábamos en la entrada anterior que en San Blas nos hizo unos días de perros, y no iba a ser menos en Panamá City. Llueve de tal manera cuando llegamos a la terminal de autobuses que ningún taxi quiere llevarnos al hostal, que está en el Casco Viejo. Luego lo entendemos: media ciudad está inundada. No lo sabemos cuando nos subimos al minitaxi que, envalentonado, se atreve a llevarnos. Hay charcos que alcanzan el medio metro de agua, y en más de una ocasión, los tres, el conductor, Fran y yo, rezamos para no quedarnos tirados. Ay, ¡cómo nos acordamos del Lupo!

Llegamos al hostal sanos y salvos, pero no quedan camas libres así que acabamos en una casa antigua que por un momento nos traslada al Eixample barcelonés: techos altos, molduras y mosaicos en el suelo. 





Dedicamos el día a pasear por el Casco Antiguo, lo están remodelando y aunque resulta un  poco incómodo pasear por las calles que están levantadas, lo están dejando muy bonito y seguro que en un año es la nueva zona de moda, con bares, restaurantes de todo tipo, tiendas de artesanía y fotografía… Por si tardamos en volver, entramos en uno de estos modernos locales a comernos un helado, nos tienta el sabor a albahaca y maní, pero nos decidimos por la tradicional vainilla y el chocolate con naranja. ¡Mmmm!










Como decíamos al principio, tras nuestro paso por San Blas, regresamos a la ciudad. De la mano de Karloz, el taxista del hostal, visitamos el cerro Ancón, el canal de Panamá, Amador y Cosway y, de puntillas, pasamos por el Chorrillo, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. 





El canal nos sorprende para bien. Es impresionante ver toda la mecánica en acción y conocer sus cifras: cada una de las compuertas pesa igual que trescientos elefantes, tardan sólo dos minutos en abrirse y si se dispusiera en plataformas el material que extrajeron durante el tiempo de excavación del canal, se daría la vuelta al mundo cuatro veces. Por si fuera poco, están ampliando la estructura para que puedan pasar más barcos al día y de mayor tamaño. ¡Perras pal bolsillo!






Dato curioso: la construcción de canal fue una iniciativa de los franceses, pero al enfrentarse a las dificultades que suponía excavar en tierras selváticas y a los muertos que provocaba la malaria, se dieron cuenta de las dificultades de su empresa. Así que abandonaron y lo retomaron los americanos. Y lo retomaron bien, pues hasta hace unos años tanto el canal como la ciudad seguían bajo el control estadounidense. Hoy día es fácil reconocer en la cultura, la arquitectura y la administración panameñas, por ejemplo, dicho dominio.  





Los últimos días que estuvimos en la capital no los podríamos haber pasado mejor: Blas, Laura y los peques nos acogen en su casa. Gracias por enseñarnos el resto de la ciudad y hacernos sentir como en casa. Pudimos cargar las pilas a tope para nuestro siguiente destino: Perú.    


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