jueves, 3 de enero de 2013

Día 86. Bolivia. Parte II


Sucre: Bolivia empieza a gustarnos

Por suerte, la cosa mejoró cuando llegamos a Sucre, difícilmente podía empeorar. Este pequeño pueblo de casas blancas y estructuras coloniales nos subió un poco el ánimo. El centro es patrimonio de la humanidad por la Unesco y estuvimos casi todo el día callejeando y pensando si parar en Potosí antes de ir a Uyuni o no. Al final decidimos que sí, no podemos estar a tres horas del pueblo más elevado del mundo y no hacerle una visita.






Potosí y su rico lomito

La gracia de Potosí es que se encuentra a más de cuatro mil metros por encima del nivel del mar. Es un pueblo minero, de calles estrechitas y casas de adobe. Se respira buen ambiente y en los puestos callejeros se come de lujo. 

Catalanes en todos los rincones del mundo



No os perdáis la hamburguesa tan chistosa que le sirvieron a Fran ni los ricos lomitos (panecillo+lomo finísimo+cebolla+tomate+salsa+papas+otra ración de salsa) que nos prepararon en un puesto callejero en plena noche. Con el frío que hacía, el cuerpo se nos quedó como nuevo.



Uyuni y la batalla entre dos mundos

Llegamos a Uyuni con muchas ganas de visitar el salar así que recorremos algunas agencias y al final decidimos hacer el tour con Paula Tours. La elección de la agencia es una auténtica lotería. Estuvimos leyendo la experiencia de muchos turistas y hay de todo. Desde “ni se te ocurra hacer el tour con X agencia porque el conductor bebe hasta hartarse”, hasta “llévate todas las galletas que puedas porque casi no te dan comida”.

Hay que relajarse de vez en cuando

Fran relajándose y yo casi muero de la peste que hacía en el bus


Por suerte, nuestros tres días de excursión no pudieron ir mejor. Conocimos a unos chicos argentinos, un señor de Mallorca y una chica finlandesa. Congeniamos a las mil maravillas y pasamos el rato haciendo el mono, comiendo bien y hablando de cosas interesantísimas. 




Pero la verdadera anécdota de nuestra estancia en Uyuni la vivimos nada más llegar. Nosotros queríamos hacer el tour por el salar y que el último día nos dejaran en la frontera con Chile para cruzar a San Pedro de Atacama para pasar allí la Navidad. Imposible. Cuando empezamos a preguntar por dicha posibilidad, nos dicen que hay dos pueblitos cercanos a la frontera que justo acaban de entrar en conflicto. Se encuentran dentro de una reserva natural muy turística y no llegan a un acuerdo sobre cómo repartirse las ganancias que dicho turismo genera. Así que han cortado el paso fronterizo y si queremos ir a Chile, tenemos que hacer siete horas de autobús y pagar como cinco veces más de lo que sería el precio normal. ¡Estupendo! 

Afortunadamente, los días que pasamos por el salar compensan cualquier contratiempo de este tipo. El paisaje es alucinante, las lagunas son inmensas y los flamencos, graciosísimos. 







Segundo pinchazo del viaje


Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje. Alli se viene con nosotros a Chile, a Yair y Natalie los veremos en Argentina, ¡seguro!, y a Sebastián creo que lo volveremos a ver en alguna otra parte. 

Compañeros de viaje


Hotel de sal, suelo, paredes, mesas, sillas, todo sal

Monstruo de musgo


La salida de Bolivia y la entrada a Chile nos llevan algo de tiempo, pero nos vamos con noventa días de permiso en el pasaporte y un registro mochilero bastante exhaustivo, sobre todo el que le hicieron a las mochilas de Fran. A mí me tocó el poli bueno, y entre Messi, Cristiano, Madrid y Barça, casi ni me tocó las bolsas.


Árbol de piedra


Laguna colorada




Llegamos a San Pedro de Atacama con dos objetivos: pasar la Navidad sin achicharrarnos en medio del desierto y conseguir algo de trabajo.

¡En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna… lalalilolilalelo y el niño que está en la cunaaaa…!