domingo, 13 de enero de 2013

Día 93. San Pedro de Atacama. ¡Esto sí que es una fieeesta!

Teníamos claro que queríamos pasar las fiestas navideñas en Chile, así que pensamos estar en San Pedro de Atacama para Navidad y en Valparaíso para fin de año. Nos habían contado que el primero es un lugar muy muy especial y que los fuegos artificiales que lanzan en Valparaíso para despedir el año son los mejores de todo Latinoamérica. Lo que no nos dijeron es que el precio del alojamiento en dicha ciudad se dispara hasta alcanzar unas cifras inimaginables. Por eso cambiamos de opinión; total, en 2013 Valparaíso seguiría siendo la misma, pero sin artificios. Así que esperamos al Viejito Pascuero (alias, Papá Noel) y nos comimos las uvas en San Pedro.

Iglesia de San Pedro de Atacama
Cuando llegamos a San Pedro, alucinamos bastante. El último paisaje que habíamos visto era un inmenso salar de un color blanco impoluto y con unos pocos cactus. De repente, nos vimos envueltos de montañas rojizas, arena y muuucha más arena. Estábamos en el desierto más árido del mundo (en algunas zonas no llueve desde hace 47 años). Es cierto que es una ciudad que está pensada por y para el turista. Es decir, hay una calle principal llena de tiendecitas donde se venden artesanías, de restaurantes, heladerías y agencias turísticas. Pero aun así, tiene algo que engancha e invita a suavizar el ritmo, descansar y ver cómo pasa el tiempo. La verdad es que  nos sentimos bastante privilegiados de poder sólo “estar”, sin hacer nada, sentarnos en la plaza del pueblo a ver pasar a la gente, sin estresarnos por no tener tiempo suficiente para hacer tal o cual tour.


El desierto es lo que tiene
Además, como veníamos de la zona de Uyuni, Bolivia, no valía la pena hacer muchos de los tours de San Pedro: ya habíamos visto géiseres, lagunas, salares, termas… De ahí que nos decidiéramos sólo por ir al valle de la Luna y de la Muerte y, por recomendación popular, a la laguna Céjar.

El valle de la Luna es espectacular, andas entre formaciones rocosas que te hacen creer que te encuentras en la Luna, de ahí el nombre, o incluso en Marte. Y en el valle de la Muerte hace un viento impresionante, por eso sólo estuvimos dos minutos, o incluso menos. Dicen que su denominación se debe a lo mal que su fundador, Gustave Le Peige, pronunciaba el castellano. Cuando decía “valle de Marte”, los ciudadanos entendían “valle de la Muerte” y, evidentemente, el segundo es mucho más atractivo para el turismo. Así que así se quedó.





En cuanto a la laguna Céjar, diría que fue de lo mejorcito de San Pedro, obviando la celebración de la Navidad y de Fin de año, que ahora contaremos. La laguna contiene tanta sal que uno flota sin hacer ningún tipo de esfuerzo y es divertidísimo. Por no hablar del paisaje, que una vez más nos deja con la boca abierta. El día lo acabamos saltando a los Ojos de sal, un par de pozas en medio de la nada, y viendo la puesta de sol tomando pisco, comiendo chips y haciéndonos fotos graciosísimas.








Pero como sabemos que lo que de verdad queréis que os contemos es cómo pasamos las fiestas, no vamos a alargarnos más. En San Pedro estuvimos en dos hostales. En el primero, Backpackers San Pedro, celebramos la Navidad. El personal tuvo una muy buena idea: como éramos muchos y de partes del mundo muy diferentes, propusieron que cada uno cocináramos algo típico de nuestra tierra y ellos ponían la parrillada. ¡Menuda cena! Australianos, chilenos, brasileños, alemanes… ¡de todo! Así que ya os podéis imaginar la mezcla. Por suerte todo estaba riquísimo y nuestros estómagos resistieron muy bien. El ambiente estuvo genial y, como la ocasión así lo quiso, Fran y yo acabamos cantando Pimpinela en el karaoke. ¡Exacto! “¿Quién es? ¡Soy yo! ¿Qué vienes a buscar? ¡A ti!...”




A los pocos días tuvimos que cambiar de hostal porque el nuestro estaba lleno. El siguiente no estuvo del todo mal, pero la terraza era bastante enana, los baños no estaban demasiado limpios y de vez en cuando te pinchabas el culo con algún muelle que salía disparado del colchón. Incomodidades aparte, conocimos a un montón de gente: Miguel, Daniel, Jose, Jean Pierre, Guillermo, Cata, Mary y Ale, y gente cuyo nombre desconocemos pero con quienes pasamos una noche de fin de año espectacular.

La noche de Fin de año fue toda una sorpresa. Lo pasamos genial, con gente estupenda, y la comida… ¡mmm! Aquí van unas fotos de la diversión. Es sorprendente cómo en cuestión de un rato puedes conectar con alguien con tanta facilidad. 






¡Los malos momentos de 2012 a la hoguera!

¡Que empiece la fiesta!



Para mí, una de las cosas más emocionantes fue volver a coincidir con Verena, a quien habíamos conocido hacía un mes y pico en Panamá. Imaginaos, vamos paseando por la plaza mayor y de repente oímos: “¡Débora, Fran!”. En Chile, que no nos conocía nadie, alguien nos llama. Y cuando me doy la vuelta es Verena. ¡Bueníiisimo! Con ella pasamos fin de año, nos fuimos de tour y disfrutamos de la gélida piscina de San Pedro.


Nos despedimos de Verena con la intención de volver a vernos en Argentina, o en Austria o en Barcelona. En cualquier caso, de volver a vernos. Y con las chicas, Cata, Mari y Ale, nos íbamos a volver a ver en cuestión de días en Santiago de Chile. Fueron sólo dos día, pero muy intensos. Podríamos decir que nos pateamos la ciudad de cabo a rabo, pero eso ya os lo contamos otro día, que primero pasamos por la pintoresca Valparaíso y sus empinadas calles.