domingo, 2 de diciembre de 2012

Día 61. San Blas


El archipiélago de San Blas está formado por infinidad de islas, unas más pequeñas que otras, unas habitadas y otras desiertas. Y aunque toda la parafernalia previa le resta algo de encanto, y a pesar de que en algún momento tienes la sensación de que te están sacando todo lo que pueden, cuando llegas allí lo entiendes y se te olvida. 



A San Blas hay que ir con el alojamiento reservado, algo que puedes hacer en la mayoría de hostales/hoteles de Ciudad de Panamá aunque no pases la noche en ellos. Los precios están establecidos y no hay lugar para el regateo. Así que por las fotos que se pueden ver en internet y algo de información que te dan en el hostal, decides si quieres pagar 20, 35, 60, 90 o 120 $ la noche y por persona, comidas incluidas. El alojamiento se paga en la isla. El transporte, megacaro, va aparte y se paga en Ciudad de Panamá.



El tema es que San Blas forma parte del territorio Kuna Yala, una comunidad indígena que gestiona sus tierras y controla la cantidad de gente que entra en ellas sin que el gobierno panameño pueda decir ni mu. Así que el motivo de visitar San Blas, aparte de para quedarse pasmado con el azul verdoso de sus aguas cristalinas, es vivir por unos días con los kuna. 


Bandera Kuna Yala


Nosotros optamos por isla Iguana, una opción media y tranquila. Y nos conformamos con tomar el sol y hacer snorkel. Al primero ni lo vimos. Y en cuanto al snorkel, daríamos lo que fuera por poder repetirlo con una cámara acuática. 




El primer día llegamos a la hora de comer, pescado recién pescado y arroz, y empieza a nublarse, así que tengo que hacer un esfuerzo enorme por no cabrearme con el mundo. Es decir,  de 365 días que tiene el año, el diluvio universal tiene que producirse cuando nosotros estamos en San Blas…, pero como decíamos en la entrada anterior, hay que adaptarse. No podemos dejar que la lluvia lo estropee todo, así que pasamos la tarde paseando cuando las nubes nos los permiten (tardamos menos de dos minutos en dar la vuelta a toda la isla), haciendo fotos y jugando al cuatro en raya mientras bebemos cerveza… 






Al día siguiente la cosa mejora, aunque el cielo sigue tapado. Por la mañana nos bañamos en isla Iguana, uno no puede estar casi casi en el paraíso y no bañarse, ¿no? Y antes de comer, salimos con un grupo de alemanas y una pareja de brasileiros a hacer snorkel. Primero nos llevan a una piscina natural. Las piscinas naturales son bancos de arena en medio del océano, así que te encuentras en medio de éste, pero el agua sólo te cubre hasta las rodillas. Una sensación indescriptible añadida a la de verse rodeado de estrellas de mar. 




A continuación, nos llevan a isla Perro, una pequeña isla que se caracteriza por tener un barco hundido en la orilla. Hacer snorkel alrededor del barco es impresionante. Vemos peces de mil formas y colores: negros, rayados, fosforitos, plateados, largos, redondos, doris, nemos, etc. Pero, sobre todo, nos quedamos pasmados con el coral, porque también lo hay de mil formas y colores. Lástima que el sol no se deje ver, porque entonces los luminosos colores del coral destacarían aún más. ¡Otra vez nos arrepentimos de no llevar con nosotros una cámara sumergible! Tras un buen rato nadando y después de soportar el aguacero que nos cae de regreso a nuestra isla, nos sentamos a comer ¡y nos traen langosta! ¡Bieeen! Con arroz, que no falte. 



San Blas nos provoca todo tipo de sensaciones. Por un lado, lo que pagamos por comer arroz casi para desayunar, comer y cenar, y por dormir en un colchón de diez centímetros nos parece caro. Por el otro, nos da pena ver alguna que otra botella de plástico o papeles por la isla. Pero, por el de más allá, la sensación de aislamiento, relajación y paz, y el paisaje y las aguas de este archipiélago hacen que te olvides completamente de todo lo anterior y que la experiencia sea una de las mejores que se pueden vivir en Panamá. Y nos encantará volver en un futuro, pero cuando haga sol. 





P. D. Malas noticias para los seguidores de la gorra de Fran: nos la olvidamos en playa Venao.  Prometemos nueva adquisición pronto.