viernes, 26 de octubre de 2012

Día 33. Volcán Arenal

Seguimos el consejo de una chica a la que conocimos en Santa Elena y vamos en busca de Arenal Essence, un hostal que está en las lomas del volcán, el lugar ideal desde el que poder ver las erupciones de la bestia (si actualmente se encontrara activa). Nada más llegar, nos recibe Nico y lo primero que nos cuenta cuando le decimos que somos españoles es que él apareció en Callejeros Viajeros. ¡Dentro vídeo! 



En principio, vamos con la idea de quedarnos una noche, subir el cerro Chato e irnos hacia la costa caribeña. Pero tal y como nos advirtieron en Santa Elena, nos quedamos aquí cuatro días. Y nos habríamos quedado muchos más si hubiéramos tenido tiempo.

El personal del hostal nos aconseja varios sitios increíbles y ¡gratuitos! (con lo caro que es este país, se agradece, la verdad). En primer lugar vamos a una poza y disfrutamos como niños lanzándonos desde las rocas.






A medida que avanza la mañana, la laguna se empieza a llenar de gente, así que nos dirigimos hacia la catarata de La Fortuna. Allí nos damos el segundo chapuzón. La cascada es impresionante, pero más impresionantes son aún los cientos de escalones que hay que bajar y subir para llegar hasta a ella. 





Cuando estamos dentro del agua empieza a llover. Lo que en un principio recibimos como un agradable toque de encanto, empieza a ponerse serio, así que nos vestimos y empezamos a ascender. Maldita la gracia que cuando salimos del recinto,  también sale el sol.

Tras una parada en Soda Viquez (el mejor restaurante del pueblo y con los camareros más salados), nos dirigimos hacia las termas.  Es sábado y seguro que están a rebosar de locales que han ido a pasar allí el día, pero nos han dicho que la experiencia vale la pena. Hacia las afueras del pueblo, hay un gran complejo hotelero: Tabacón. Pasar la noche aquí cuesta unos  80 €, disfrutar de las aguas termales de su spa, no quiero ni pensarlo. Por suerte, treinta metros más adelante puedes  disfrutar de esas mismas aguas por el módico precio de 0 € y en un entorno completamente natural. Nos rendimos a su agradable temperatura y permanecemos un buen rato en remojo.




Como vemos que aún no estamos del todo arrugados como pasas de corinto, cuando llegamos al hostal nos metemos en el jacuzzi para ver el atardecer. Esto no tiene precio. Cuando me jubile (si para entonces una puede jubilarse, claro…), ya sé adónde quiero venir a descansar, como mínimo, los primeros doce meses.





Al día siguiente nos espera un día duro, queremos subir al cerro Chato (un volcán inactivo de unos 1.100 m, teniendo en cuenta que estamos a unos 500 m y que después de llegar a la cima tendremos que descender unos 200 m para llegar a la laguna, nos esperan unos 800 m de desnivel acumulado, que no esta nada mal). Nos han dicho que son dos horas de subida y dos de bajada bastante duras, pero que el premio está en que te puedes bañar en la laguna en la que se ha convertido el cráter. Por eso, en lugar de ir al súper a comprar la cena, nos  damos el lujo de cenar en el albergue. Tienen un chef para las cenas y los huéspedes participan haciendo de pinches. Hoy toca: crema de calabacín, lasaña de verduras con pan casero y albóndigas de garbanzos, y pañuelos rellenos de queso y mermelada de fresa. ¡Mmm!

Nunca habíamos tenido que utilizar todas las partes del cuerpo para agarrarnos a las raíces de los árboles y a las piedras para poder subir y nunca habíamos tenido que hacer tantos equilibrios para saltar de piedra en piedra o de rama en rama para evitar los enormes lodazales. Es duro, pero peor será la bajada. Fran va dando saltos y se divierte como nunca. Yo también pero sin saltos, más bien bajo de culo y ayudándome de un palo. Sentirme como una abuelita es inevitable. Eso sí, cuando chalamos de verdad es al llegar a la laguna. Nos metemos de cabeza, da igual que llueva, que el agua esté verde y que no se vea el fondo. Llevamos horas sudando y hemos conseguido subir. ¡Es nuestro premio!










Al día siguiente, nos vamos a Cahuita, en la costa del Caribe. Marchamos contentos por lo bien que nos lo hemos pasado estos últimos días y por la de cosas que hemos visto. Tristes por no poder quedarnos más días aquí. Pero pensando en todo lo que  todavía nos queda por delante.   

Por cierto 1. La última noche que pasamos en Arenal Essence, el volcán escupió un poco de lava. Y, al día siguiente, cuando nosotros ya íbamos rumbo a Cahuita, hubo un terremoto de 6,6.  

Por cierto 2. En la anterior entrada decíamos que en el Arenal nos íbamos a alojar en el lugar más curioso en el que hemos estado. Pues bien, en lugar de optar por el dormitorio colectivo, nos decidimos por unas tiendas de campaña en el jardín. Con armario, cama de matrimonio y lucecitas de Navidad y unos ventanales que a las cinco de la mañana ya dejaban entrar el sol. Entre éste y el ruido de los pájaros y los monos, era imposible dormir hasta más tarde de las seis y media. Si alguien piensa viajar a Costa Rica y va a visitar la zona del Arenal, que anote: Arenal Essence. Vale la pena.